La iglesia de la Santísima Trinidad de Alarcón: la gran desconocida del patrimonio de la villa
Actualizado: 8 oct

Ocho siglos de historia, arte y arquitectura en una de las iglesias más sorprendentes que ver en Alarcón
Cuando se habla del patrimonio de Alarcón, es normal que la atención se dirija hacia algunos de sus monumentos más conocidos. La espectacular parroquia de Santa María, la iglesia de Santo Domingo de Silos, las impresionantes Pinturas Murales de Jesús Mateo en la antigua iglesia de San Juan Bautista o el propio Castillo de Alarcón, hoy convertido en Parador de Turismo, suelen ocupar los primeros puestos en cualquier recorrido por la villa.
Y no es para menos. Todos ellos forman parte de un conjunto patrimonial extraordinario que convierte a Alarcón en uno de los destinos culturales más interesantes de Castilla-La Mancha.
Pero hay otro edificio que, sin hacer tanto ruido, guarda algunas de las sorpresas más agradables de la villa: la iglesia de la Santísima Trinidad.
Situada a la entrada de Alarcón, esta antigua parroquia rara vez aparece en primer lugar en las fotografías o en la lista de monumentos que trae preparada quien nos visita por primera vez. Sin embargo, cuando se cruza su puerta, la impresión cambia. Es uno de esos lugares que muchos no esperaban encontrar y que después recuerdan especialmente.
Una de las iglesias más antiguas de Alarcón

La Santísima Trinidad forma parte, junto con Santo Domingo de Silos, de las primeras parroquias levantadas en Alarcón durante la Edad Media.
Su construcción comenzó a principios del siglo XIII, pocas décadas después de la incorporación de la villa a los territorios cristianos. De aquella primera etapa se conserva la nave central, además de la portada oeste, y todavía pueden reconocerse algunos elementos heredados del Románico junto a otros que anuncian ya las nuevas formas del Gótico.
Las columnas treboladas y la bóveda cuatripartita son una buena muestra de ese momento de transición.
Por eso, cuando recorremos la iglesia, no estamos contemplando un edificio construido de una sola vez. Estamos viendo el resultado de más de ocho siglos en los que cada época fue dejando algo detrás.
Una iglesia construida generación tras generación
Torre del campanario, s. XVI
Esa es precisamente una de las características que hacen tan interesante a la Santísima Trinidad: no pertenece a un único momento ni responde a un solo estilo arquitectónico.
La iglesia fue creciendo poco a poco, con ampliaciones, reformas y transformaciones que respondían a las necesidades de la parroquia y a los recursos disponibles en cada época.
La construcción original del siglo XIII debió de tener una portada mucho más sencilla, quizá semejante a la que todavía puede contemplarse en Santo Domingo de Silos, hoy convertida en Auditorio y sala de exposiciones de Alarcón.
A finales del siglo XV comenzó una de las grandes transformaciones del templo: la construcción de la portada plateresca y de la nave norte. Las obras continuaron durante los primeros años del siglo XVI, en tiempos de Diego López Pacheco, marqués de Villena, y del obispo Diego Ramírez de Fuenleal, también conocido como Diego Ramírez de Villaescusa.
Sus escudos todavía pueden verse tanto en la portada como en las claves de la nueva nave, dejando constancia de quienes impulsaron aquella importante ampliación.
Una portada llena de criaturas y símbolos

Antes de entrar merece la pena detenerse unos minutos delante de la portada. Y decimos detenerse porque verla deprisa significa perderse buena parte de lo interesante.
El acceso tiene una gran profundidad. Un enorme arco apuntado, heredero todavía de la tradición gótica, funciona como un gran marco de piedra que protege y envuelve la portada plateresca situada al fondo. A ambos lados, los robustos soportes cilíndricos refuerzan esa sensación de monumentalidad.
Sobre nosotros, la bóveda nervada completa el conjunto. Sus nervios de piedra se cruzan sobre el espacio de entrada y conducen inevitablemente la mirada hacia arriba. La combinación del arco, la bóveda y la portada situada al fondo crea casi una pequeña antesala antes de acceder al interior de la iglesia. Y entonces empiezan a aparecer los detalles.
La portada plateresca, acabada a comienzos del siglo XVI, es uno de los conjuntos escultóricos más interesantes de Alarcón. En su decoración encontramos sirenas, grifos, sátiros, aves fantásticas y otras criaturas propias del imaginario renacentista.
Son figuras que muchas veces pasan inadvertidas. Basta con levantar un poco la vista y empezar a buscarlas para que la portada cambie completamente.
Pero antes de descubrir lo que hay dentro todavía queda otra sorpresa: la llave con la que accedemos a la iglesia.
No vamos a explicar aquí qué tiene de especial. Preferimos que quien venga la descubra en persona. Solo diremos una cosa: después de años realizando visitas guiadas, sigue siendo uno de esos pequeños detalles de los que la gente se acuerda.
Capillas, ampliaciones y nuevas historias

La iglesia continuó creciendo durante los siglos siguientes. A mediados del siglo XVI se añadieron dos espacios junto a la portada principal. A la derecha se encuentra el que actualmente funciona como sacristía y, a la izquierda, la capilla de San Pedro.
La última gran ampliación llegó en el siglo XVII con la construcción de la capilla de los Lorca-Figueroa, situada al norte del altar. Con ella quedó prácticamente configurada la iglesia que conocemos actualmente.
Después de varios siglos creciendo y enriqueciéndose, comenzaría una etapa muy diferente de su historia.
Precisamente esa sucesión de ampliaciones explica la personalidad del interior. Las diferentes épocas no están escondidas: aparecen en las naves, las bóvedas, las capillas y los cambios en la propia estructura del edificio.
No es una iglesia para mirar desde la puerta y marcharse. Hay que recorrerla con cierta calma para empezar a distinguir todas esas capas.
Del esplendor al abandono
El siglo XIX marcó un punto de inflexión en la historia de la Santísima Trinidad.
Alarcón ya no era aquella importante villa medieval que había llegado a contar con cinco parroquias. La pérdida de población y de peso político y económico terminó afectando también a sus iglesias. En 1841 se decidió reducir a una sola las cinco parroquias de la villa, quedando Santa María como única parroquia en funcionamiento.
Interiror de la iglesia de la Stma. Trinidad mitad del siglo XX Torre de la Stma. Trinidad, finales del siglo XIX Portada principal de la Stma. Trinidad, mediados siglo XX.
La Santísima Trinidad perdió entonces la función que había desempeñado durante siglos y comenzó un largo periodo de abandono y deterioro. Y merece la pena detenerse un momento en lo que eso significa.
Estamos hablando de un edificio que llevaba funcionando y transformándose desde comienzos del siglo XIII y que dejó de formar parte de la vida cotidiana de Alarcón como parroquia.
Sin uso habitual y sin un mantenimiento continuo, el deterioro avanzó durante las décadas siguientes. La iglesia llegó al siglo XX en un estado muy diferente al que vemos actualmente. El antiguo ábside había desaparecido y la cabecera del templo necesitaba una intervención importante. El ábside que contemplamos hoy es fruto de aquella posterior recuperación; el original no ha llegado hasta nosotros.
Una curiosidad de la Santísima Trinidad
Durante esos años de abandono, se utilizó como vivienda, refugio de viandantes y también para resguardar animales. Una imagen difícil de imaginar hoy, pero que ayuda a entender hasta qué punto había cambiado su uso antes de su restauración.
La recuperación de la Santísima Trinidad en el siglo XX
La situación comenzó a cambiar en el siglo XX. Durante los años sesenta se llevó a cabo una importante intervención que permitió rehacer el ábside y devolver la funcionalidad al edificio. Tras aquella restauración, la Santísima Trinidad volvió a utilizarse como parroquia.
Por eso, la iglesia que visitamos hoy no es simplemente un templo medieval que haya permanecido intacto durante ocho siglos. Su historia es bastante más interesante. Nació en el siglo XIII, fue creciendo y transformándose durante los siglos XV, XVI y XVII, perdió su función parroquial en el XIX, pasó por un largo periodo de deterioro y consiguió recuperarse en el siglo XX.

Actualmente ya no mantiene culto de manera habitual. Sin embargo, una vez al año vuelve a celebrarse misa en su interior con motivo de la festividad de la Santísima Trinidad, manteniendo así el vínculo con la función para la que fue construida hace más de ochocientos años. Y todavía queda algún detalle que suele pasar desapercibido.
Junto a la cabecera, en la nave construida entre los siglos XV y XVI, encontramos una bellísima y estilizada imagen de la Inmaculada. Se trata de un boceto relacionado con la imagen que se conserva en el retablo de la ermita de la Inmaculada Concepción de Motilla del Palancar, obra del escultor motillano José Navarro Gabaldón (1917-1978). Es otra de esas pequeñas historias que ayudan a entender que la vida de este edificio no terminó en la Edad Media.
Una de las grandes sorpresas de nuestras visitas guiadas
Durante nuestras visitas guiadas, la Santísima Trinidad es uno de los lugares donde suelen surgir más preguntas. Y tiene sentido. En un mismo edificio podemos hablar de la Edad Media, de la transición del Románico al Gótico, del Renacimiento, de los marqueses de Villena, de obispos, capillas familiares, criaturas fantásticas, decadencia, abandono y restauración.
Pero, sobre todo, permite comprobar que el patrimonio de Alarcón va mucho más allá de sus monumentos más fotografiados. Quizá la Santísima Trinidad no tenga la fama de Santa María, Santo Domingo de Silos, las Pinturas Murales de Jesús Mateo o el Castillo. Y probablemente ahí esté también parte de su encanto.

Porque llegas esperando encontrarte una iglesia más y, cuando sales, has descubierto ocho siglos de la historia de Alarcón dentro del mismo edificio.
A veces, los grandes tesoros no son los más conocidos. La Santísima Trinidad es uno de ellos.



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